El riesgo digital no se gestiona cuando el sistema ya está bloqueado
La mayoría de empresas dependen de sistemas digitales para facturar, gestionar logística o comunicarse. Cuando estos sistemas son atacados, la actividad se detiene de forma inmediata. En ese momento, el problema deja de ser técnico y se convierte en una crisis de supervivencia que afecta a los ingresos, a la reputación y a la responsabilidad legal de los administradores
La diferencia entre un incidente técnico y una crisis empresarial
Un problema técnico se resuelve con soporte especializado. Un ciberincidente grave exige una respuesta coordinada de toda la empresa. El impacto real no se mide en horas de reparación, sino en semanas de paralización, pérdida de clientes, costes de comunicación de crisis y el cumplimiento de obligaciones regulatorias críticas como las notificaciones bajo el RGPD.
Dónde fallan la mayoría de estrategias digitales
Falsa seguridad técnica: Se confía toda la protección a cortafuegos y herramientas informáticas sin un plan de decisiones empresariales detrás. Los sistemas pueden ser robustos, pero si no hay una estrategia para seguir operando "en papel" o bajo mínimos, la tecnología por sí sola no salva el negocio.
Invisibilidad del daño legal y reputacional: Se ignora que un ataque suele conllevar una brecha de datos que activa responsabilidades legales directas (RGPD) y un daño a la marca que puede tardar años en recuperarse.
Ausencia de un protocolo de decisiones: Ante un bloqueo, muchas empresas no saben quién toma el mando, en qué orden se recuperan los procesos o qué se le comunica a los clientes y proveedores.
Qué analizamos en MCR Risk
Enfocamos el análisis en el impacto sobre el negocio, no en el software.
• Determinamos los puntos de colapso operativo ante una caída prolongada de sistemas.
• Evaluamos la exposición legal y reputacional por tratamiento de datos y compromisos contractuales.
• Analizamos la capacidad real de la empresa para seguir facturando sin acceso a sus bases de datos principales.
Qué diseñamos: La Arquitectura de Respuesta
El objetivo no es evitar el ataque (que es casi inevitable), sino sobrevivir a él.
• Estrategia de continuidad operativa: Diseñamos cómo mantener la actividad mínima durante el incidente.
• Plan de reacción ante crisis digital: Un protocolo claro que especifica quién hace qué y cuándo, coordinando las áreas técnicas, legales y directivas.
• Priorización de recuperación: Establecemos qué sistemas deben volver a la vida primero para proteger el flujo de caja y la relación con clientes críticos.
Para quién tiene sentido este análisis
Este estudio está diseñado específicamente para organizaciones donde la tecnología no es un accesorio, sino el motor del negocio:
• Empresas con alta dependencia operativa: Aquellas cuyos procesos críticos están 100% informatizados.
• Negocios de datos intensivos: Empresas que gestionan grandes volúmenes de información sensible de clientes o terceros.
• Estructuras de facturación digital: Donde una caída del sistema detiene inmediatamente el flujo de caja.
• Sociedades con alta exposición al cliente: Organizaciones donde un fallo digital daña de forma inmediata la reputación y la confianza del mercado.
El riesgo digital no se gestiona cuando el sistema ya está bloqueado. Se gestiona cuando aún tienes el control para decidir cómo vas a reaccionar.

